Durante un fin de semana de febrero cambiamos nuestra vida de “pueblo” en Medellín a la vida de la gran ciudad en Bogotá. Para mi fue el primer encuentro con la gran capital de Colombia. Sin embargo, a través de Andrea, Diana y Adelaida, había aprendido un poco sobre la ciudad antes de llegar. El sistema de transporte por ejemplo, el infame “Transmilenio”, está siempre lleno de gente me decían. La ciudad gigantesca de Medellín (para mi es muy grande porque vengo de una pequeña ciudad noruega) no se puede comparar con el enorme tamaño de la capital.
La razón para nuestro viaje fue la reunión anual de CISV Colombia “el Consejo Nacional” que tuvo lugar el sábado y el domingo. Durante la reunión nos presentamos nosotros y nuestro proyecto a los miembros de CISV. Gracias a que estuvimos en la reunión tuvimos el chance de mirar más de cerca cómo funciona CISV Colombia. Aunque ese fue el motivo del viaje, el viaje a Bogotá fue mucho más que una reunión.

Viernes en la mañana cogimos el transmilenio para ir a la Universidad de Los Andes donde fuimos a una charla sobre Derechos Humanos y el desplazamiento interno colombiano. La Universidad está localizada cerca de un barrio llamado la Candelaria que es muy pintoresco y lleno de color. Después de la charla caminamos alrededor mirando todos los edificios y las pequeñas tiendas.

Mi primera impresión de la ciudad es que tiene un aire más europeo que Medellín. Bogotá es menos tropical, los edificios son más altos y las calles más amplias. El clima se sumó a mi impresión, se encuentra en los 15 – 18 grados centígrados como temperatura promedio (que para un Noruego con sangre más caliente es mucho más cómodo que un clima caliente). Después de la caminata tuvimos un delicioso almuerzo con la jefa de Diana. Comimos en un restaurante llamado Wok que tiene un menú estupendo de deliciosos platos asiáticos. 

El sábado en la mañana nuestro coordinador del proyecto, Juanma, nos recogió y nos llevó a la catedral de Sal, un corto trayecto en carro desde Bogotá. La catedral está construida dentro de una mina de sal, 200 metros bajo tierra y recibe hasta 3000 visitantes los Domingos. Pasamos un muy buen rato. Andrea llego a lamer la sal y recoger pequeñas rocas de sal de la mina para llevar a Noruega. Como la visita guiada por la catedral era en español, Juanma me iba traduciendo simultáneamente a inglés lo que iban diciendo. Aprendimos mucho acerca de la sal, de minería y de símbolos religiosos. En nuestro camino de regreso a Bogotá nos dieron comida de carretera, un plato un poco extraño: papas, diferentes clases de salchichas, varios pedazos de alguna clase de carne, acompañadas de salsa y guacamole. Yo no se que comimos, pero para el momento que llegamos de vuelta a Bogotá para la reunión del Consejo Nacional de CISV estábamos llenos y contentos.

Sábado durante la noche fue el momento de rumbear. Nos fuimos con muchos de los participantes de la reunión a un lugar que tiene una puerta muy grande en su patio. Como siempre en Colombia, “Party time” (hora de fiesta) significa momento de bailar, que para mi es un desafío. Pasamos un buen rato juntos, conseguimos nuevos amigos, incluso uno de Estados Unidos estaba completamente seguro que Andrea es de Minnesota.

El domingo se fue muy rápido, consistiendo el día de la segunda parte del Consejo Nacional. En la tarde Andrea y yo encontramos tiempo para vitrinear y comer ponque antes de que se acabará el día.

El lunes Juliana – la prima de Andrea- me invitó a comer un almuerzo tradicional. Comimos un delicioso Ajiaco – una sopa tradicional colombiana- con muchos ingredientes sabrosos. Después del almuerzo Juliana nos llevó al centro donde visitamos el Museo Botero y caminamos alrededor de la Plaza de Bolívar donde fuimos testigos de la filmación de una telenovela colombiana como también vimos una increíble cantidad de palomas.

Estando cerca el final de nuestro viaje a Bogotá, logre de escabullirme y visitar el Museo de Oro el martes en la mañana. El Museo tiene la mayor colección del mundo en trabajo prehispánico en oro, el factor bling bling (slang usado para llamar a una persona que se pone arreglos o joyería ostentosa que en su mayoría son doradas y grandes) era ciertamente alto. Más que solo exhibir trabajo en oro, el museo también da una lección de historia acerca del lugar del Oro para Colombia y Latinoamérica en la cultura y la sociedad desde tiempos pasados. ¡Fue una mañana educativa!.

Con memoria doradas y experiencias en Bogotá regresamos sanos y salvos a nuestro tropical Medellín.

PD: La idea inicial era que durmiera en diferentes casas durante mi estadía en Bogotá, pero me sentí tan cómodo en mi primera destinación que preferí quedarme en ella durante todo el tiempo. Miles de gracias a la familia de Diana por hospedarme, fueron grandiosos!